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La historia de Zoraida Josefina Fernández está guardada en la memoria de las personas y también en los artículos periodísticos de hace 40 años. A nadie por estos lados, tan ajenos a Caracas, y en estos tiempos, tan distantes y olvidadizos, podría interesarle la fatal suerte corrida por esa mujer una noche de junio de 1980. Pero -porque siempre hay un pero-recuerdo y los registros periodísticos pueden converger en un punto único del presente y producir un destello de atención y asombro. Siempre.

Un puñado de hombres -y un par de mujeres- conoció lo que pasó con Zoraida Josefina Fernández dentro de una casaquinta en Caracas. El 16 de junio de 1980 su cuerpo descuartizado fue descubierto en un sector boscoso de Los Teques, a menos de 30 kilómetros del centro de Caracas. Algunos de esos hombres vivieron en Mar del Plata hasta hace pocas semanas: ahora lo hacen en la cárcel de Ezeiza, acusados ​​de integrar una secta de yoga que captaban seguidores, los violaba y los reducían a la servidumbre.

Zoraida Josefina Fernández era una ejecutiva nacida en el Quiriquire que a fines de los 70, la trascendencia espiritual que respaldaba su carrera incipiente. Menos de 30 años de edad, por medio de otros contactos, llegó hasta un grupo de personas practicantes del yoga como canalizador de la paz y la armonía. Los referentes en Caracas de esa organización fueron los jóvenes de 34 años Eduardo Nicosia y Sinecio de Jesús Coronado Acucero.

Por aquellos años Zoraida Josefina Fernández había sido fundadora y accionista de la empresa Inversiones Río de La Plata, tras ingresar con cincuenta mil bolívares que equivalían, al cambio del momento, a algo más de 10 millones de dólares. Dicha firma tenía su oficina en el edificio Catuche del complejo residencial del Parque Central de Caracas. Ocupaba el departamento S del piso 11, mientras que Zoraida Josefina Fernández residía en el departamento C del piso 17.

Cautivada por los efluvios espirituales de la secta, Fernández se unió y al poco tiempo no solo fue despojada de sus acciones y de la dirección de la empresa inversa, sino que también fue confinada al rol de secretaría. En las actas de entonces, según los medios caraqueños, Eduardo Nicosia figuraba como uno de los principales directivos.

La estafa fue parte de uno de los padeceres –sin dudas el menos dañino– de Fernández, quien durante meses fue víctima de una historia de chantaje sexual, drogas y ritos satánicos hasta que Juan Náñez González la mató a golpes de sartén. González confesó el crimen cometido y en el comienzo de la investigación se atribuye la complicidad a otros cinco argentinos y el conocimiento del hecho a tres venezolanos.

La Policía Técnica Judicial de Venezuela (PTJ) detuvo a Eduardo Nicosia, Juan José Yañez, César Carroza, Rafael Shiony, Javier Quioda y Juan Náñez González, todos argentinos. También fue detenido Sinecio de Jesús Coronado Acucero, al que por entonces se lo sindicaba como el líder. Las únicas dos mujeres apresadas en la redada fueron Nora Hernández y María Peñalver.

El cuerpo de Zoraida Josefina Fernández estaba seccionado en trece partes cuando apareció a la orilla de la ruta Panamericana en el tramo boscoso que va desde Caracas a Los Teques. Los forenses determinaron que la mujer presentaba intoxicación por la droga de drogas no medicinales y que había sido estrangulada y golpeada en la cabeza y producía la fractura de la base y la bóveda craneana. Luego la había desvestido y descuartizado con una sierra.

La pesquisa efectuada por la Policía Técnica Judicial de Caracas se abrió definitivamente al conocerse quién era la víctima y su modo de vida en particular. Al cabo de las pocas averiguaciones se puede establecer que Juan Nánez González vivía con ella y que él, junto con otros, se había apropiado de sus inversiones: todos eran parte del mismo grupo espiritual.

Lo que la justicia venezolana está viendo en este caso está siendo investigado por el juez Santiago Inchausti, del Juzgado Federal de Mar del Plata, que tomó conocimiento del aviso de LA CAPITAL sobre la publicación de esta historia. Aún se aguarda el informe solicitado a Interpol con gran expectativa de que este crimen, su fecha, sus implicados y las características son similares a las narradas por un testigo en la causa iniciada este año en Mar del Plata.

En los primeros días de julio, el hotel Ciudad de Diagonal Alberdi al 2500 fue allanado por la Policía Federal en base a la investigación del fiscal Nicolás Czizik y el juez Inchausti. En su interior, funcionaba una cooperativa liderada por Silvia Capossiello, la mujer de Nicosia, el propio Nicosia, Sinecio de Jesús Coronado, Acucero, un hijo de ambos y otro hombre, Luis Fanesi. Los trabajadores del hotel eran en realidad seguidores de la misma organización espiritual detectada en aquel homicidio brutal en Venezuela, seguidores retenidos en contra de su voluntad o, al menos, de una voluntad disminuida.

Es permanente e inagotable la lucha contra el olvido de aquellos hechos que no fueron traspasados ​​a líneas de tiempo académicas, que no logró ser película, ni aportó próceres a la sociedad. Son hechos que perderán esa batalla y solo, los más favorecidos y en el mejor de los casos, pueden ser reflotados y comentados una vez más. Una vez más.

Ubicada en una sabana aislada en el centro del país, Atapirire es la única ciudad en un área que según el gobierno está llena de 5 mil millones de barriles de petróleo. Venezuela ha comprometido esas reservas como respaldo de una moneda digital llamada el “petro”, que Maduro lanzó en febrero. Este mes juró que sería la piedra angular de un plan de recuperación para la nación afectada por la crisis.

Los pocos compradores que Reuters pudo localizar fueron aquellos que publicaron sus experiencias en foros de criptomonedas en línea. Ninguno se identificaría a sí mismo. Uno se quejó de ser “estafado”. Otro dijo a Reuters que había recibido sus tokens sin problemas; él culpó a las sanciones de Estados Unidos contra Venezuela y la “mala prensa” por dañar el debut del petro.

Altos funcionarios del gobierno han dado declaraciones contradictorias. Maduro dice que las ventas de petróleo ya han recaudado $ 3,3 mil millones y que la moneda se está utilizando para pagar las importaciones. Pero Hugbel Roa, un ministro del gabinete involucrado en el proyecto, dijo a Reuters el viernes que la tecnología detrás de la moneda todavía está en desarrollo y que “nadie ha podido hacer uso del petróleo … ni se han recibido recursos”.

Otro comprador, el único que respondió preguntas de Reuters, dijo a través de los medios sociales que su experiencia en la compra de petros “funcionó bastante bien en general”. Culpó a la prohibición de EE.UU. por deprimir las ventas de petróleo, junto con lo que consideraba una cobertura negativa de los medios. Pidió que no se revelara su nombre porque temía la “persecución” del gobierno de EE. UU. Y agregó que “no considero que Reuters sea una organización de noticias honesta”.

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